Cerebros de silicio: ¿Y si las tostadoras nos superan?

La inteligencia artificial ya no es solo cosa de películas futuristas ni de novelas de ciencia ficción. Está aquí, en nuestros bolsillos, en nuestras casas… ¡incluso en nuestras tostadoras (bueno, algunas)! Desde asistentes virtuales que responden con más paciencia que un maestro zen, hasta algoritmos que predicen lo que vamos a comprar antes de que se nos ocurra, la IA se está metiendo en todos los rincones de nuestra vida.

Pero ¿qué es realmente la inteligencia artificial? ¿Cómo funciona y por qué cada vez se habla más de ella? ¿Debemos preocuparnos por un apocalipsis robótico… o simplemente por quedarnos sin batería? En este artículo, exploramos qué hay detrás de estos “cerebros de silicio” que ya están ayudando a transformar el mundo, sin (todavía) planear dominarlo.

¿Por qué todos hablan de ella?

Aunque lleva décadas existiendo, la IA ha despegado en los últimos años gracias a:

  • Más potencia de cómputo

  • Toneladas de datos disponibles

  • Algoritmos cada vez más listos que tú el lunes por la mañana

Y sí, ya forma parte de nuestras vidas… aunque no siempre lo notes.


¿Dónde se esconde la IA?

🛒 Compras en línea: Te recomienda justo lo que no sabías que necesitabas.
🔍 Motores de búsqueda: Adivinan qué quieres antes de que termines de escribir.
🎧 Asistentes virtuales: Siri, Alexa y compañía ya casi entienden hasta tus indirectas.
🌍 Traducciones: Del “googleo” al políglota en segundos.
🚗 Coches inteligentes: Frenan solos si te distraes con el perro del vecino.
🏙️ Ciudades y casas smart: Ahorran energía, tiempo y peleas por el aire acondicionado.
🧠 Medicina: Diagnostican más rápido que el Doctor House (y sin sarcasmos).
🛡️ Ciberseguridad: Detectan amenazas antes de que hagas clic en “herencia del príncipe nigeriano”.
📰 Fake news: La IA puede distinguir verdades de cuentos chinos.


Y aún hay más…

  • En el campo: Robots que detectan malas hierbas.

  • En fábricas: Máquinas que predicen cuándo se romperán (para que no lo hagan).

  • En trenes: Optimización de velocidad, ahorro de energía y menos retrasos (ojalá).

  • En emergencias: Sistemas que detectan paros cardíacos en llamadas antes que un médico.


¿Y la gente qué opina?

📊 61 % apoya la IA.
🔒 88 % cree que hay que regularla (porque nadie quiere una tostadora rebelde).

Educar con poesía: navegar entre sueños y realidades

 

Educar con poesía: navegar entre sueños y realidades

Gabriel Celaya, en su hermoso poema, compara el arte de educar con el acto de poner motor a una barca:

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.

En estas líneas, Celaya refleja cómo educar implica delicadeza, técnica, equilibrio y sobre todo, creatividad. El educador es, como dice Celaya, una mezcla de marino, pirata y poeta, combinando sensibilidad, audacia y paciencia concentrada para acompañar a los niños en su navegación hacia el aprendizaje y la vida.

El valor de la poesía en la educación

La poesía desempeña un papel crucial en el desarrollo infantil, ya que permite expresar y explorar sentimientos y emociones de manera profunda. Según Pelegrin (1992), la poesía es una transmisión oral que abarca “palabra, gesto y movimiento aprendidos colectivamente por reiteración”. La experiencia poética fortalece la memoria auditiva, kinésica y táctil, enriqueciendo la sensibilidad emocional y social de los niños.

Además, como señala López Tamés (1990), la poesía es “el embrión indefinido y creador” de la cultura, destacando su importancia en la infancia humana. A través de la poesía, los niños se conectan directamente con sus sentimientos más profundos y aprenden a expresarse libremente, dando lugar a una comunicación rica y auténtica.

Aspectos fundamentales del lenguaje poético

Educar con poesía significa también prestar atención a los aspectos esenciales del lenguaje poético. La cantidad (número de sílabas métricas), la intensidad (estructura acentual), el timbre (rima) y el tono (entonación) son elementos claves que potencian la experiencia estética y emocional. La poesía invita a los niños a jugar con las palabras y sonidos, estimulando su creatividad y enriqueciendo su dominio activo del lenguaje.

Soñar mientras se educa

Volviendo al poema de Celaya, la educación también implica soñar:

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

En la educación literaria, como se resalta en el poema, se busca fomentar en los niños el placer por la lectura, la imaginación y la creatividad. Este viaje simbólico del niño como barco hacia islas lejanas refleja cómo la poesía abre puertas a mundos nuevos, donde los niños aprenden a navegar con seguridad y alegría hacia sus propios destinos intelectuales y emocionales.

Legado de la educación poética

Finalmente, educar con poesía es un acto de trascendencia, donde la palabra se convierte en legado:

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.

Enseñar poesía a los niños implica preparar el terreno para que ellos mismos sigan transmitiendo, a futuras generaciones, las palabras que han recibido. La poesía se convierte en un legado cultural y emocional que persiste en el tiempo, permitiendo que nuestra bandera, la del conocimiento, la imaginación y la sensibilidad, siga ondeando alto y con orgullo.

Rosa Amor del Olmo

¡Sálvese quien pueda, se fue el Wi-Fi! Crónica de un país sin enchufes por unas horas

🔌 Desconectados

El reciente apagón que dejó sin electricidad a diversas zonas de España durante varias horas fue un recordatorio inesperado —y bastante contundente— de lo dependientes que somos de la tecnología. Desde los teléfonos móviles que dejaron de cargar, hasta los hogares en silencio sin Wi-Fi, pasando por negocios paralizados, semáforos apagados y la incertidumbre generalizada: por unas horas, muchos vivimos una especie de “regreso al pasado”.

¿Cómo fue vivir sin tecnología por unas horas?

Para quienes crecimos rodeados de pantallas, notificaciones y conexión constante, el apagón representó una pausa abrupta. Al principio, el desconcierto: sin saber cuánto duraría, sin poder consultar el móvil (o peor, sin batería), sin poder trabajar ni comunicarse con normalidad. Algunos salieron a la calle en busca de información, otros simplemente esperaron. Y algo curioso ocurrió: el silencio.

Ese silencio tecnológico reveló mucho. Conversaciones cara a cara, momentos de lectura, juego con los niños o simplemente mirar por la ventana. Un tiempo sin distracciones digitales que, paradójicamente, fue vivido por algunos como un descanso, y por otros como una fuente de ansiedad.

¿Qué nos mostró este apagón?

  1. Nuestra vulnerabilidad digital: Dependemos de la tecnología para casi todo: trabajo, comunicación, entretenimiento, transporte, comercio. Cuando falla, todo tambalea.

  2. La necesidad de planes de contingencia: ¿Tenemos baterías externas, linternas, radio a pilas? ¿Sabemos qué hacer si se cae la red eléctrica durante más de un día?

  3. La desconexión como experiencia: El apagón también fue, en cierta forma, una oportunidad para reconectar con lo esencial, aunque impuesta por la fuerza.

¿Qué pasaría si vuelve a suceder?

Si un nuevo apagón llegara —más largo o más generalizado—, tendríamos que enfrentar retos serios: abastecimiento, salud, educación, seguridad. Pero también podríamos ver surgir alternativas más sostenibles, hábitos más conscientes, y quizás una relación más equilibrada con la tecnología.

Esto no es un llamado a desconectarnos del mundo digital, sino a no perder de vista que nuestra resiliencia no debe depender exclusivamente de la energía o del Wi-Fi. Estar preparados, mental y materialmente, podría marcar la diferencia.


📍 Conclusión:
El apagón en España fue más que un fallo eléctrico. Fue un espejo. Nos mostró tanto nuestras dependencias como nuestras posibilidades. Tal vez no se trate de vivir sin tecnología, sino de aprender a vivir también más allá de ella.

Entre el inconsciente y la ley: Negación freudiana y consentimiento sexual

Entre el inconsciente y la ley: Negación freudiana y consentimiento sexual

Introducción
La negación, según Sigmund Freud, es un mecanismo de defensa por el cual un contenido reprimido accede a la conciencia bajo la forma de un rechazo. En La negación (1925), Freud explica: “Con la ayuda de la negación se alcanza la conciencia de lo reprimido, aunque sin aceptarlo todavía”. Así, al negar una representación (“esto no es un sueño sexual”), el sujeto permite que lo reprimido se exprese, aunque de forma encubierta. Es una manera de reconocer sin aceptar, de decir algo sin asumirlo.

La afirmación legal del consentimiento
En el campo jurídico, la Ley Orgánica 10/2022, de garantía integral de la libertad sexual, conocida como la ley del “sólo sí es sí”, redefine el consentimiento sexual en España. En su artículo 178.1 se establece que “solo se entenderá que hay consentimiento cuando se haya manifestado libremente mediante actos que, en atención a las circunstancias del caso, expresen de manera clara la voluntad de la persona”. La norma elimina la necesidad de resistencia activa por parte de la víctima y sitúa el foco en la afirmación clara del deseo.

El deseo y la ambivalencia desde el psicoanálisis
Desde la perspectiva psicoanalítica, el consentimiento no siempre se presenta de forma lineal o consciente. Freud subraya que el deseo puede ser contradictorio, reprimido o incluso inconsciente. La subjetividad humana no responde siempre con claridad afirmativa o negativa: se mueve entre ambivalencias, conflictos internos y mecanismos como la negación, la represión o la escisión. Esto plantea una tensión con la perspectiva jurídica, que necesita definiciones unívocas para garantizar protección y justicia.

Un testimonio ambiguo
“No fue una violación, yo no dije que no. Solo me quedé quieta. No quería, pero tampoco le dije que parara. No sé por qué no hice nada.”
Desde la ley del “sólo sí es sí”, este testimonio muestra una falta clara de consentimiento. La pasividad o la inhibición no legitiman el acto sexual. La ausencia de un “sí” explícito es suficiente para entender que no hubo consentimiento libre y afirmativo.
Desde el psicoanálisis, esta frase está cargada de ambivalencia. La afirmación “no fue una violación” convive con expresiones de malestar y desconcierto. Aquí actúa la negación freudiana: lo traumático se enuncia en forma de rechazo, como defensa ante una verdad insoportable. El psicoanálisis no niega la violencia, pero busca comprender los mecanismos subjetivos que hacen que una persona no pueda, no sepa o no logre decir que no, incluso cuando internamente lo desea.

Ejemplo clínico: consentimiento inhibido

En una experiencia clínica, una paciente de 24 años llega a terapia tras un encuentro sexual que la deja con un malestar persistente. Afirma: “Yo lo quería ver, sí. Me atrajo. Pero cuando empezó a insistir, me bloqueé. Pensé que si decía que no igual se iba a molestar o se iba a ir. No dije nada. Cerré los ojos y esperé que pasara. Después me sentí sucia, confundida, enojada conmigo misma.”
Este testimonio refleja cómo el consentimiento puede estar silenciado por el miedo, la presión o el deseo de agradar. Desde el punto de vista jurídico, no se expresó un consentimiento claro. El hombre, por tanto, debió estar más atento a los signos de incomodidad, inmovilidad o retraimiento. Desde el psicoanálisis, se observa una desconexión subjetiva que impide simbolizar el no. La experiencia queda atrapada entre el deseo, la parálisis y el malestar posterior.

Consideraciones críticas: entre certeza y complejidad
Aplicar simultáneamente el enfoque jurídico y el psicoanalítico no está exento de desafíos. Por un lado, el derecho necesita certeza y prueba para actuar: exige actos, hechos, evidencias y testimonios claros. Por otro lado, el discurso subjetivo del psicoanálisis no siempre puede aportar esa claridad. De hecho, parte de su valor reside en permitir que lo confuso, contradictorio o reprimido encuentre un espacio de expresión.
En este contexto, resulta interesante pensar la fórmula legal “sólo sí es sí” en relación con la lógica freudiana de la negación. Si el “no” puede ser un modo de decir “sí” encubierto —como ocurre en el discurso del inconsciente, donde la negación implica una forma de reconocimiento—, entonces la ley invierte este orden: exige un “sí” claro y afirmativo como única validación del deseo. Así, mientras en el psicoanálisis el “no” nunca es del todo un no (porque puede contener lo reprimido), para la ley “no es no” y, sobre todo, la ausencia de un “sí” explícito equivale a una negativa. Esta diferencia subraya la tensión entre un orden simbólico jurídico que requiere certidumbre, y un orden psíquico donde el deseo se expresa en formas opacas y contradictorias.
El riesgo, entonces, es doble: que la ley desestime las zonas grises del consentimiento, o que el psicoanálisis relativice las necesidades de justicia. El equilibrio ético radica en reconocer que, aunque sus lenguajes son distintos, ambas miradas pueden ser complementarias. Comprender el consentimiento como un hecho legal y, al mismo tiempo, como una experiencia subjetiva compleja, permite avanzar hacia formas más sensibles y completas de justicia y reparación.

Referencias
• Freud, S. (1925). La negación. Obras completas, Vol. XIX. Amorrortu Editores. • Boletín Oficial del Estado. Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2022-14630

 

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